¿Con quién hablabas? Con nadie. Vete a dormir. Ya bebiste suficiente. Ramiro quiso preguntar más, pero el alcohol ya nublaba sus pensamientos. Se dejó caer en el sofá de la sala y cerró los ojos. En minutos estaba profundamente dormido. Lo que sucedió después, Ramiro no lo recordaría, pero alguien más sí. Salomé despertó con el ruido de una puerta. Bajó de su cama y caminó hacia el pasillo. Desde las sombras vio algo que sus ojos de 3 años no podían comprender, pero que su memoria guardaría para siempre.
Una figura entró a la casa. Un hombre que la niña conocía bien. Un hombre que siempre usaba camisas azules y le traía dulces cuando visitaba. Sara gritó y después silencio. La pequeña Salomé se escondió en el armario del pasillo temblando mientras el hombre de camisa azul caminaba hacia donde dormía su padre. Dolores pasó la noche entera revisando el expediente del caso Fuentes. Cientos de páginas, fotografías que prefería no recordar, testimonios, peritajes, todo apuntaba a Ramiro, sus huellas, su ropa, su falta de coartada sólida, pero había grietas, pequeñas, casi invisibles, pero estaban ahí.