propiedades que antes pertenecían a la familia Fuentes. Dolores marcó un número en su teléfono. Carlos, necesito que investigues los negocios de Gonzalo Fuentes. Todo, cada propiedad, cada transacción, cada socio. Y necesito saber si Sara Fuentes sabía algo que no debía saber. Gonzalo Fuentes llegó al hogar Santa María en un auto negro de lujo que contrastaba con la modestia del lugar. Vestía un traje impecable y una corbata azul, siempre azul. Carmela lo vio entrar y sintió un escalofrío.
Había algo en ese hombre que le recordaba a las serpientes. Elegante por fuera, venenoso por dentro. Vengo a ver a mi sobrina”, dijo Gonzalo sin saludar. “Tengo derecho. Soy su tutor legal. Usted renunció a esa tutoría hace 6 meses cuando la dejó aquí”, respondió Carmela con firmeza. Ahora está bajo protección del Estado. Las circunstancias han cambiado. Con todo lo que está pasando con mi hermano, la niña necesita familia. Necesita a alguien que la cuide. Cuidarla como la cuidó antes de traerla aquí con moretones en los brazos.