La cabeza y el cuerpo del caballo son las primeras formas que normalmente identifica el cerebro.
Eso hace que muchas personas dejen de buscar después de encontrar la figura principal.
Ahí está precisamente la trampa.
El dibujo utiliza las ramas del árbol para crear nuevas formas. Algunas líneas pueden parecer simplemente parte del paisaje hasta que cambias ligeramente la manera en que estás mirando la imagen.
Una vez que descubres una de las cabezas ocultas, las demás pueden empezar a aparecer.
¿Cuántas encontraste sin ayuda?
Antes de buscar la respuesta, intenta hacer el ejercicio tú mismo.
Observa primero el lado izquierdo de la ilustración.
Después revisa cuidadosamente las ramas del árbol.
Busca las formas que tienen:
- ojos;
- hocico;
- frente;
- orejas;
- cuello.
No cuentes una forma solamente porque se parece vagamente a un caballo. La cabeza debe estar claramente formada por las líneas del dibujo.
¿Por qué nuestro cerebro no las encuentra inmediatamente?
Este tipo de imágenes aprovecha un fenómeno muy común de la percepción visual.
Nuestro cerebro intenta organizar rápidamente todo lo que vemos en objetos conocidos.
Cuando identifica un caballo y un árbol, tiende a interpretar las líneas restantes como partes de esas mismas figuras.
Por eso una cabeza escondida entre las ramas puede estar literalmente frente a nuestros ojos y aun así pasar desapercibida.
La primera impresión puede engañarnos.
Una estrategia para encontrar las cabezas ocultas
Si quieres resolver el reto sin mirar ninguna pista, prueba este método.
Primero, observa la figura completa durante unos segundos.
Después divide mentalmente la imagen en tres zonas: izquierda, centro y derecha.
Comienza por la izquierda y busca perfiles.
Luego revisa el caballo principal.
Finalmente, examina las ramas una por una.
En lugar de mirar el árbol como un árbol, intenta imaginar que las ramas son líneas que forman rostros.
Ese pequeño cambio puede hacer que aparezcan figuras que antes no habías visto.
¿Viste todas?
Aquí llega la parte más frustrante.
Es posible encontrar varias cabezas rápidamente y pensar que ya terminaste.
Pero cuando vuelves a mirar la imagen después de conocer el truco, puedes descubrir otra escondida en una zona que habías pasado completamente por alto.
Ese es el encanto de las ilusiones ópticas.
No necesariamente se trata de tener una “mejor vista”, sino de cómo interpreta el cerebro las formas, los espacios y las líneas.
No es realmente un examen de la vista
Aunque algunas versiones de este reto lo presentan como un “test de salud ocular”, encontrar más o menos cabezas de caballo no permite determinar si una persona tiene buena o mala visión.
El resultado depende de muchos factores, como la atención, la experiencia con este tipo de acertijos y la manera en que cada persona interpreta las formas.
Por eso debe verse como un entretenimiento visual, no como una prueba médica.
Si alguien tiene problemas reales de visión, lo adecuado es consultar con un profesional de la salud visual.
El verdadero desafío
Ahora vuelve a mirar la imagen.
No leas nuevamente las explicaciones.
Solo observa.
¿Cuántas cabezas de caballo puedes identificar?
¿Encontraste solamente la figura principal?
¿Viste algunas entre las ramas?
¿O lograste descubrir prácticamente todas las formas escondidas?
Este tipo de acertijos demuestra algo curioso: a veces no necesitamos que cambie la imagen para ver algo diferente.
Solo necesitamos cambiar la manera en que la estamos mirando.
Así que cuenta otra vez antes de dar tu respuesta definitiva.