DESPUÉS DE UN ACCIDENTE, MI SUEGRA DIJO QUE SU HIJO NO TENÍA POR QUÉ “DESGASTARSE” CUIDÁNDOME Y MI ESPOSO ESTUVO DE ACUERDO… PERO CUANDO REGRESÉ A CASA DESCUBRÍ QUE, DURANTE MI HOSPITALIZACIÓN, ALGUIEN HABÍA ESTADO ENTRANDO A MI RECÁMARA SIN DECÍRMELO. Me llamo **Renata**, tengo treinta y seis años y vivo en **Monterrey**. Hace un mes sobreviví a un accidente automovilístico. Salí con una lesión en el hombro, varias costillas golpeadas y una advertencia muy clara: reposo absolut… Voir plus

 

Parte 2:
—No entres todavía —repitió Mauricio. Lo aparté con el brazo sano y fui hasta la recámara. Debajo del escritorio encontré un aparato pequeño conectado a una extensión: una cámara. La pieza negra que había encontrado detrás del buró pertenecía al soporte. Sentí náuseas. —¿Me estuvieron grabando? Elvira respondió demasiado rápido. —No seas dramática. Era por seguridad. —¿Seguridad de quién?
Mauricio desconectó el aparato y puso la cámara sobre el escritorio. Según él, la habían instalado durante mi hospitalización, pero no para vigilarme. Dos días después del accidente recibió una llamada de **Tomás**, el administrador del edificio. Una vecina había reportado que alguien intentó abrir nuestra puerta mientras Mauricio estaba en el hospital conmigo. No encontraron daños, pero él se asustó porque mi bolsa había quedado dentro del coche accidentado y durante algunas horas no supieron dónde estaban mis llaves.
—¿Y por qué una cámara en mi recámara en lugar de la entrada? pregunté. Mauricio miró a su madre. Elvira contestó: —Porque ahí estaban tus documentos importantes.
No entendí hasta que abrió uno de mis cajones. Durante mi hospitalización habían trasladado allí una carpeta con escrituras, estados de cuenta, pólizas y documentos del seguro. Yo normalmente guardaba parte de eso en otro mueble. —¿Quién les dio permiso de revisar mis papeles? Elvira se ofendió. —Alguien tenía que hacerse cargo mientras tú estabas incapacitada.
Cecilia llegó cuando la llamé. Reconoció inmediatamente el modelo de cámara porque utilizaba una parecida para vigilar a su perro. Revisó la memoria delante de nosotros. La mayor parte de los videos mostraba una habitación vacía. Después apareció Elvira entrando varias veces, abriendo cajones y fotografiando documentos con su teléfono.
—Eso no tiene nada que ver con un ladrón —dije.
Elvira dejó de fingir indignación. Durante mi hospitalización había buscado la póliza del automóvil porque Mauricio le contó que el coche probablemente sería pérdida total. También encontró mi seguro de accidentes y comenzó a hacer preguntas sobre las indemnizaciones que podían corresponderme. —Solo quería saber cómo iban a salir adelante —dijo. —¿“Iban”? El dinero del seguro es para cubrir mis pérdidas y mi recuperación.
Entonces Mauricio confesó que teníamos otro problema. Meses antes había pedido un préstamo personal para invertir con su primo **Héctor** en un pequeño negocio de instalación de paneles solares. Yo sabía que había invertido algo, pero no sabía que había pedido crédito para hacerlo. Las ventas habían sido menores de lo esperado y llevaba tres mensualidades cubriéndolas con su tarjeta.
—¿Y qué tiene que ver eso con mi accidente?
No respondió.
Elvira sí. Cuando supo que podía existir una indemnización, asumió que parte de ese dinero podría utilizarse para liquidar la deuda de Mauricio. Por eso revisó mis documentos. —Son esposos. Si uno tiene dinero y el otro una deuda, se ayudan.
—¿Y la cámara?
Mauricio explicó que después de descubrir a su madre revisando papeles discutieron. Él instaló la cámara para saber si volvía a entrar. La primera estaba detrás del buró, pero Elvira la encontró y arrancó accidentalmente parte del soporte. Mauricio la cambió de lugar esa misma mañana, debajo del escritorio.
Me quedé mirándolo.
—Entonces sabías que tu madre estaba entrando a mi recámara, sabías que revisaba mis documentos y tu solución fue grabarla en secreto en lugar de decírmelo.
—Estabas hospitalizada.
—Después regresé.
No tuvo respuesta.
Cecilia adelantó las grabaciones. En una aparecía Mauricio entrando con Elvira. Ella sostenía mi carpeta. No discutían. Estaban comparando dos hojas.
—¿Qué es eso? pregunté.
Mauricio pidió que apagáramos el video.
No lo hicimos.
En la siguiente grabación se escuchaba claramente a Elvira:
—Si la aseguradora deposita primero, puedes resolver lo de Héctor antes de que Renata empiece a preguntar.
Mauricio respondió algo demasiado bajo.
Pero después tomó una hoja, la fotografió y dijo:
—Primero necesito saber cuánto van a pagar realmente.
Sentí más frío que rabia.
—¿Qué documento fotografiaste?
Mauricio fue hasta el clóset y sacó mi carpeta.
Faltaba una hoja.
Elvira cerró los ojos.
—No la perdimos —dijo—. Héctor la tiene.
Me puse de pie.
—¿Por qué tu primo tiene un documento mío?
Mauricio tragó saliva.
—Porque necesitábamos que alguien revisara si el pago del seguro podía ayudarnos a salir del problema.
—¿Qué problema?
Entonces finalmente dijo la cifra completa de la deuda.
Era casi cuatro veces lo que yo creía que había invertido.
Y Héctor no estaba revisando únicamente cuánto dinero podía recibir yo.
Había estado preguntando **cuándo** lo recibiría.