Me horrorizó darme cuenta de eso. Sabía que los caracoles podían multiplicarse con una rapidez alarmante y devastar un jardín entero de la noche a la mañana. Peor aún, ciertas especies, sobre todo las tropicales, son portadoras de parásitos dañinos para los humanos. Eso significaba que estas delicadas "perlas" no eran solo una curiosidad; eran una amenaza.
Recogí rápidamente todo el grupo y vertí agua hirviendo sobre ellos para evitar cualquier posible infestación. Luego limpié a fondo la zona e inspeccioné el resto del jardín.
Ahora lo sé mejor: incluso los objetos que parecen más inofensivos en la tierra pueden esconder un ejército silencioso capaz de destruir una cosecha. La naturaleza siempre está más cerca de lo que pensamos; a veces, justo bajo nuestros pies.