Llevé el documento a un perito calígrafo que me recomendó mi abogado. El análisis dio resultados definitivos.
La firma era falsa. Daniel había intentado vender mi propiedad sin mi conocimiento ni permiso.
El día de la boda
El día de la boda de Daniel, el invierno finalmente había comenzado a aflojar su dominio sobre la región.
Me vestí de forma sencilla y práctica. Abroché a Lucas con seguridad en su portabebés contra mi pecho. Y conduje hasta la iglesia donde se celebraba la ceremonia.
En mis manos, llevaba una sencilla carpeta azul.
Dentro de esa carpeta estaba lo único que Daniel nunca esperó que descubriera.
Prueba de lo que había hecho.
Cuando abrí las pesadas puertas de la iglesia, la música nupcial se detuvo de repente.
Todas las cabezas en la sala se giraron para mirarme.
En el altar, el rostro de Daniel palideció como si viera un fantasma entrar por la puerta.
Caminé lenta y deliberadamente por el pasillo central. Mis pasos resonaron en la habitación, ahora silenciosa.
"Hannah... ¿qué haces aquí?", balbuceó, con la voz apenas entrecortada.
No alcé la voz ni mostré emoción.
"Vine a devolverte algo que dejaste".
Abrí la carpeta azul con calma.
Dentro había documentos certificados. Registros de transferencias bancarias. Propiedad