Me casé con el hombre con el que crecí en el orfanato. La mañana después de nuestra boda, un extraño llamó a la puerta y cambió nuestras vidas por completo.

Una noche, medio muerto de hambre por estudiar, le dije: "Ya estamos juntos, ¿verdad?".

Ni siquiera apartó la mirada de la pantalla.

"Oh, bien", dijo. "Pensé que era solo yo".

Ese fue el gran momento.

Empezamos a decir novios, pero todo lo que importaba entre nosotros ya existía desde hacía años.

"Dos huérfanos con papeles".

Terminamos nuestras carreras un semestre brutal a la vez.