Una noche, medio muerto de hambre por estudiar, le dije: "Ya estamos juntos, ¿verdad?".
Ni siquiera apartó la mirada de la pantalla.
"Oh, bien", dijo. "Pensé que era solo yo".
Ese fue el gran momento.
Empezamos a decir novios, pero todo lo que importaba entre nosotros ya existía desde hacía años.
"Dos huérfanos con papeles".
Terminamos nuestras carreras un semestre brutal a la vez.