Hablábamos de territorio.
Así que suspendí la mudanza.
Mauricio se molestó.
Durante cuatro días apenas hablamos.
El viernes mi mamá me llamó mientras yo trabajaba.
—Dani, vino Mauricio.
Sentí un vuelco en el estómago.
—¿Para qué?
—Dijo que necesitaba medir algo.
Yo jamás le había dado permiso.
Regresé temprano.
Mauricio ya se había ido, pero sobre mi mesa encontré un pequeño folleto de una empresa de herrería.
Lo llamé.
—¿Qué estabas midiendo?
—Nada importante. Quería cotizar una puerta para separar mejor los espacios.
—Te dije que no cambiaríamos nada.
Suspiró.
—Daniela, algún día tienes que dejar de sentir que necesitas autorización de tu mamá para todo.
Colgué.
Esa noche mi mamá tocó mi puerta.
Traía una taza de café y una expresión extraña.
—Hay algo que no te conté porque pensé que Mauricio te lo explicaría.
—¿Qué?
—No vino solo.
Según ella, lo acompañaba un hombre que recorrió el pasillo tomando medidas y fotografías.
No parecía herrero.
Mi mamá alcanzó a preguntarle quién era.
Mauricio contestó que estaba revisando “posibilidades para aprovechar mejor el espacio”.
—¿Qué espacio?
Mi mamá señaló hacia la parte lateral del terreno.
Justamente donde estaba el pequeño depósito que ella había ofrecido prestarle para guardar sus herramientas.
Entonces sacó del bolsillo una tarjeta que aquel hombre había olvidado sobre una jardinera.
No pertenecía a una empresa de cerraduras.
Era de un despacho especializado en **proyectos y subdivisiones de propiedades**.
Debajo del nombre había una anotación escrita a mano:
“Acceso independiente + área posterior”.
Mi mamá me miró.
—Daniela… ¿Mauricio te ha dicho qué piensa hacer aquí cuando se mude?
En ese momento mi teléfono vibró.
Era él.
No preguntó si seguía enojada.
Solo escribió:
“Necesitamos hablar antes de que tu mamá se meta más en esto.”
MI NOVIO QUERÍA MUDARSE GRATIS AL DEPARTAMENTO QUE CONSTRUÍ JUNTO A LA CASA DE MI MAMÁ… PERO ANTES DE LLEVAR UNA SOLA MALETA ME PIDIÓ CAMBIAR ALGO QUE LLEVABA SEIS AÑOS FUNCIONANDO. CUANDO ME NEGUÉ, DESCUBRÍ QUE LA LLAVE NI SIQUIERA ERA LO QUE MÁS LE PREOCUPABA. Me llamo **Daniela**, tengo treinta y dos años y vivo en **León, Guanajuato**. A los veinticinco empecé a construir un pequeño departamento en la parte trasera de una propiedad de mi mamá, **Rosa**. Ella me permitió usa… Voir plus