Mientras tanto, la mujer volvía a emerger del agua intentando recuperar el aire. Su respiración era agitada. Buscaba con la mirada cualquier ayuda posible. Sin embargo, nadie extendía la mano.
La mujer que salió del agua no era la misma
Con un esfuerzo enorme, Doña Elena logró finalmente aferrarse con fuerza al borde del muelle. Poco a poco, utilizando toda la energía que le quedaba, consiguió arrastrarse hasta quedar sobre las tablas de madera.
Permaneció allí unos segundos, respirando con dificultad. El agua caía de su vestido y su cuerpo temblaba.
Las risas comenzaron a disminuir.
Se levantó lentamente. No gritó. No lloró. No dijo una sola palabra al principio.
Solo miró.
Era una mirada distinta: serena, firme y decidida.
Lucas intentó romper el silencio.
—Abuela… fue solo una broma…