Afuera, un auto negro estaba estacionado al final de la calle. Dentro alguien observaba la casa de Dolores con paciencia de depredador. La cacería había comenzado. Ticarlos trabajó toda la noche y entregó sus hallazgos a Dolores en un café discreto lejos del centro de la ciudad. Lo que traía era explosivo. Gonzalo Fuentes pasó de ser un empleado de oficina a un empresario inmobiliario en menos de 2 años, explicó mientras extendía documentos sobre la mesa. Justo después de que su hermano fue condenado, empezó a comprar propiedades.
Muchas propiedades. ¿Con qué dinero? Ese es el punto. Heredó las tierras de sus padres. Tierras que supuestamente le correspondían a Ramiro también. Pero según este testamento, Carlos señaló un documento. Los padres dejaron todo a Gonzalo. Dolores examinó el testamento. Algo no cuadraba. Los padres de Ramiro murieron 6 meses antes del crimen. Y este testamento apareció después de la condena. Exacto. Y el abogado que lo validó fue Aurelio Sánchez. Antes de ser fiscal ejercía como abogado privado. Este fue uno de sus últimos casos antes de entrar al Ministerio Público.