El expediente seguía ahí, aparentemente intacto, pero sobre él había algo que no estaba antes, una fotografía. Era una foto vieja de Sara Fuentes, sonriente, joven, llena de vida. Alguien había dibujado una X roja sobre su rostro con marcador permanente. Debajo una nota escrita a mano. Algunas verdades deben quedarse enterradas. Deje de investigar o terminará como ella. Las manos de Dolores temblaron, pero no de miedo, de rabia. Quien fuera que envió este mensaje no conocía a Dolores Medina.
No sabía que había sobrevivido a un infarto, a un matrimonio fracasado, a 40 años de enfrentar criminales en los tribunales. No sabía que amenazarla era la peor estrategia posible. Tomó su teléfono y llamó a Carlos. Alguien entró a mi casa. ¿Saben que estoy investigando? Eso significa que hay algo que no quieren que descubra. Duplica tus esfuerzos. Quiero saber todo sobre Gonzalo Fuentes, sobre el juez Aurelio Sánchez y sobre cualquier conexión entre ellos. Y quiero saber qué descubrió Sara antes de morir.