El silencio al otro lado de la línea duró varios segundos. Tienes 72 horas, dijo finalmente el fiscal. Ni un minuto más y si esto es una pérdida de tiempo, será tu carrera la que termine. Méndez colgó el teléfono, se acercó a la ventana de su oficina y observó el patio de la prisión. En algún lugar de este caso había una verdad que nadie había querido ver y una niña rubia de 8 años era la llave para encontrarla.
A 200 km de la prisión, en una casa modesta de un barrio de clase media, una mujer de 68 años cenaba sola frente al televisor. Dolores Medina había sido una de las abogadas penalistas más respetadas del país hasta que un infarto la obligó a retirarse hace 3 años. Ahora sus días consistían en pastillas, telenovelas y recuerdos de casos que ya no podía resolver. La noticia apareció en el segmento de las 9. Escenas dramáticas en la penitenciaría central.