No sé qué pretende, señora. La niña está bajo protección. No puede recibir visitas no autorizadas. Solo quiero hablar con usted”, dijo Dolores sobre Salomé, sobre cómo llegó aquí. Carmela guardó silencio un momento, evaluando a la mujer frente a ella. Algo en Dolores le inspiró confianza. Quizás la edad, quizás la mirada cansada de quien ha luchado muchas batallas. “La niña llegó hace 6 meses”, comenzó Carmela. Su tío Gonzalo la trajo. Dijo que no podía cuidarla más, que sus negocios no se lo permitían.
Pero había algo raro. Raro. ¿Cómo? La niña tenía marcas, señora, moretones en los brazos que nadie quiso explicar y desde que llegó casi no habla. Come poco, duerme menos, tiene pesadillas todas las noches, Dolores sintió un escalofrío. Y después del encuentro con su padre, ¿la ha visto? Carmela bajó la mirada. Desde que volvió de la prisión, Salomé no ha pronunciado una sola palabra. Los médicos dicen que no hay nada físico. Es como si algo se hubiera cerrado dentro de ella, como si hubiera dicho todo lo que necesitaba decir y ahora guardara silencio para siempre.