Desaparecido durante 17 años: su ESPOSA lo vio en el banco, lo siguió y descubrió que

Doña Marta le rogó que no dejara de buscar, pero Patricia ya no tenía fuerzas ni recursos. Tenía que sobrevivir, criar a sus hijos, seguir adelante, aunque su corazón seguía atrapado en agosto de 2006.

Pasaron los años. Patricia envejeció de maneras que no fueron solo causadas por el tiempo: canas prematuras, arrugas profundas alrededor de los ojos, un cansancio permanente en su postura. Tuvo oportunidades de reconstruir su vida romántica, pero no pudo. Legalmente, seguía casada. Emocionalmente, una parte de ella aún esperaba que se abriera la puerta.

Daniel se graduó de la preparatoria en 2012 y consiguió trabajo en una mueblería, posponiendo indefinidamente sus estudios universitarios. Alejandro mejoró su comportamiento, pero nunca superó del todo la ausencia de su padre.

Patricia se adaptó a una rutina que la mantenía cuerda: trabajo, casa, hijos, misa dominical, visitas ocasionales a la tumba vacía que doña Marta había insistido en comprar en Guadalajara. «Para cuando lo encontremos», decía la anciana. Una fe que Patricia ya no podía compartir.

Para 2020, catorce años después, la vida seguía como siempre. La Ciudad de México creció y cambió. Lindavista se transformó. Los hijos de Patricia se convirtieron en jóvenes adultos. Aprendió a vivir con el dolor como compañero constante.

Y entonces llegó septiembre de 2023, 17 años después, y todo cambió de la manera más imposible imaginable.