En algunos lugares se jugaban variantes en las que una persona permanecía de espaldas al grupo y pronunciaba una frase antes de girarse. Mientras tanto, los demás avanzaban y debían quedarse inmóviles cuando el jugador se volvía.
Quien era sorprendido moviéndose podía tener que regresar al punto de partida, según las reglas acordadas.
Este tipo de juego dependía de la atención y los reflejos. Todos intentaban avanzar rápidamente, pero debían detenerse en el momento preciso.
Lo divertido era la tensión entre querer llegar primero y evitar que el otro jugador descubriera el movimiento.
Como sucedía con muchos juegos tradicionales, las reglas podían variar de un barrio a otro. Algunas versiones tenían frases particulares y otras incluían pequeños cambios que las hacían únicas.
La pelota: un objeto, decenas de posibilidades
Una pelota podía dar lugar a una enorme variedad de juegos.