Acabo de aterrizar. Espero que tú y Kenzo estén durmiendo bien. Los quiero.
Miré la pantalla, luego la casa en llamas.
Y en ese momento, comprendí la verdad.
Si no le hubiera creído a mi hijo en el aeropuerto, estaríamos dentro.
Dormidos. Y me di cuenta, con una claridad escalofriante, de que el peligro aún no había pasado.