La culpa no se siente igual: por qué unas personas cargan con todo y otras no sienten remordimiento
August 29, 2026 • vela Rah
Este sentimiento puede ayudar a reparar, a aprender del error y a fortalecer los vínculos, pero también provoca incomodidad si se entiende que no se ha hecho lo correcto o no aparece en ningún momento: “Su ausencia no implica necesariamente falta de empatía ni un trastorno de personalidad”
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La culpa es una emoción con una connotación moral que aparece cuando percibimos que hemos hecho, o dejado de hacer, algo que entra en conflicto con nuestros valores o que ha podido hacer daño a alguien.Francesco Carta (Getty Images)
Arola Poch
Málaga – 06 AGO 2026 – 05:30 CEST
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Imaginemos a Alicia y Juan, dos personas normales, signifique eso lo que signifique. Ambos tienen relaciones estables, pero, en un momento concreto, son infieles a sus respectivas parejas. Alicia pasa noches enteras sin dormir y acaba diciéndolo, buscando desesperadamente el perdón de su compañera. Juan, en cambio, sigue con su vida sin experimentar apenas malestar. ¿Por qué esta diferencia? Si la culpa fuera simplemente una reacción ante hacer algo “malo”, se sentiría con la misma intensidad.
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Pero las cosas no son tan simples. Ante un engaño, una persona puede sentir una culpa intensa porque considera que ha traicionado un valor fundamental, como la honestidad o la fidelidad; mientras que otra puede interpretar que la relación ya estaba deteriorada, considerar que la exclusividad no es esencial o justificar su conducta atribuyéndola a las circunstancias. El hecho puede ser similar, pero la interpretación y el conflicto interno que genera no lo son. Es aquí, en la interpretación, donde se encuentra una primera explicación a por qué las personas sentimos la culpa de manera diferente.
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La culpa es una emoción con una connotación moral que aparece cuando percibimos que hemos hecho, o dejado de hacer, algo que entra en conflicto con nuestros valores o que ha podido hacer daño a alguien. Cuando aparece en una intensidad adecuada y tolerable, ayuda a reparar, a aprender del error y a fortalecer los vínculos.
“La culpa también sirve para mantener el equilibrio dentro de las relaciones. Por ejemplo, en una familia, una persona comienza a expresar sus necesidades o a poner límites después de años complaciendo”, explica la psicóloga Ainhoa Cascales. Y añade: “Esto puede hacer que se sienta muy culpable y no porque haya hecho algo malo, sino porque está saliendo del rol que ha ocupado durante años y eso modifica el funcionamiento familiar”. Sentir culpa cuando se pone un límite acaba siendo una forma muy eficaz para no ponerlo, no necesariamente porque el límite sea injusto, sino porque la persona siente que le está quitando algo a alguien. Cuando además hay una reacción de enfado o frustración por parte de quien recibe una línea a no traspasar, la culpa se incrementa. Que alguien se sienta incómodo no convierte ese límite en incorrecto. La culpa, en estos casos, suele ser una señal de cambio, no de que la decisión sea incorrecta.