Algo que casi nadie entiende es que tener pocos amigos no equivale a estar solo en la vida. Hay relaciones que no necesitan verse todos los días para ser reales. Hay vínculos que sobreviven al tiempo, a la distancia y a los silencios. A veces basta una o dos personas que realmente te conozcan para sentirte acompañado de verdad.
También es importante reconocer que hay etapas de soledad necesarias. Momentos en los que la vida, casi sin pedir permiso, te aparta de los demás para que puedas escucharte. No son castigos, aunque así se sientan. Son pausas. Espacios para redefinir quién eres, qué quieres y qué tipo de personas deseas a tu lado.
La presión social hace que muchas personas se comparen constantemente. “Ellos siempre salen”, “ella tiene muchos amigos”, “yo no encajo”. Pero lo que no se ve en redes sociales son las relaciones vacías, los grupos llenos de envidia, las amistades sostenidas solo por costumbre. No todo lo que parece compañía lo es realmente.