—Me la dio un chico… —respondió.
El mundo se detuvo.
—¿Un chico? —susurré—. ¿Cómo era?
El hombre dudó un momento.
—Joven… callado… parecía perdido. Me ayudó un día. Me dio comida… y esa chaqueta. Dijo que ya no la necesitaba.
Sentí un nudo en la garganta.
—¿Dónde? ¿Dónde lo vio?
El hombre señaló hacia el otro lado de la ciudad.
—Por la vieja estación abandonada… hace unos meses.
Meses.
Eso significaba que Daniel había estado ahí… después de desaparecer.
Y quizá… aún estaba cerca.
—
Si quieres, puedo continuar la historia o darle un final impactante