Tres años después de nuestro divorcio, mi exesposa me llamó con un “regalo

Tres años después de nuestro divorcio, mi exesposa me llamó con un “regalo

No fue nada elaborado. Regresaron al Café Luna, cerca de la plaza de Tlaquepaque. Alejandro pidió dos cafés y un pan dulce para compartir. Mariana se rió.

—Nunca querías venir aquí. Decías que el café estaba muy dulce.

—Antes era un idiota —respondió él.

Ella soltó una risa genuina.

Esa risa fue el verdadero comienzo.

Su reconciliación no fue instantánea. Ninguno de los dos pretendió que las viejas heridas se hubieran curado sin dejar rastro. Hubo conversaciones difíciles, lágrimas, momentos de silencio y recuerdos que aún pesaban sobre ellos.

Pero también hubo perdón.

Hubo tardes en que los tres paseaban juntos por el centro de Guadalajara. Hubo noches en que Alejandro le leía cuentos a Mateo por videollamada. Hubo domingos en el mercado, desayunos de chilaquiles y pequeños momentos cotidianos que, sin aspavientos, reconstruyeron poco a poco lo que una vez se rompió.