Dolores llegó después de 4 horas de camino. Encontró la casa de Consuelo Reyes, al final de una calle sin pavimentar, junto a un árbol de mango que daba sombra a medio patio. Consuelo era una mujer de 75 años con el rostro marcado por décadas de trabajo duro y años recientes de dolor. Abrió la puerta con desconfianza. ¿Qué quiere? Soy abogada. Estoy investigando un caso relacionado con la familia Fuentes. Creo que su hijo Martín puede ayudarme. Los ojos de consuelo se llenaron de lágrimas.
Mi hijo desapareció hace 5 años. La policía nunca lo buscó. Me dijeron que probablemente se había ido a otro país por trabajo, pero yo sé que algo le pasó. Martín nunca me habría abandonado. Tuvo contacto con él antes de su desaparición. Consuelo dudó un momento. Luego entró a su casa y regresó con una carta arrugada. Esto llegó tres días antes de que desapareciera. Léala usted misma. Dolores tomó la carta con manos temblorosas. Mamá, si algo me pasa, quiero que sepas que vi algo terrible en la casa donde trabajo, algo que involucra a personas muy poderosas.