No puedo decir más por carta, pero guardo pruebas en un lugar seguro. Si alguien te pregunta, “No sabes nada. Te quiero.” Tu hijo Martín, ¿dónde guardaba las pruebas?, preguntó Dolores. No lo sé, pero si Martín dice que las tiene, las tiene. Mi hijo nunca mentía. Dolores miró la casa modesta, el patio vacío, el árbol de mango. Martín Reyes había visto algo esa noche. Tenía pruebas y alguien lo había hecho desaparecer por eso la pregunta era, ¿seguía vivo?
En un restaurante exclusivo del centro de la ciudad, Gonzalo Fuentes y el juez Aurelio Sánchez cenaban en un reservado privado. La tensión era palpable. Esa abogada está haciendo demasiadas preguntas”, dijo Aurelio mientras cortaba su filete. Visitó la prisión, habló con el director, estuvo en el hogar donde tienen a la niña y ahora sé que fue a San Jerónimo. Gonzalo dejó de comer. San Jerónimo, ¿por qué iría ahí? Ahí vive la madre del jardinero, el que desapareció. Martín está muerto.