Si él caía, muchos caerían con él. “Voy a hacer algunas llamadas”, dijo Gonzalo. No va a pasar ni una noche en prisión, pero hay otro problema. La abogada peor, el jardinero Martín Reyes. Interceptamos una llamada anoche. Está vivo y está en contacto con Dolores Medina. ¿Dónde está? San Jerónimo, en casa de su madre. La abogada va hacia allá hoy. ¿Quieres que los interceptemos? Aurelio lo pensó un momento. No, deja que llegue, deja que se reúnan y cuando tengamos a todos juntos, resolveremos todos los problemas de una vez.
Era un plan limpio, eficiente. Pero Aurelio había subestimado a sus enemigos y eso le costaría todo. Dolores llegó a San Jerónimo al mediodía. El viaje había sido largo y su cuerpo protestaba con dolores que prefería ignorar. Su médico le había advertido que el estrés podía matarla, pero morir buscando justicia era preferible a vivir sin haberla encontrado. La casa de Consuelo Reyes estaba igual que antes, pero esta vez la anciana la esperaba en la puerta con expresión nerviosa.