Lo más interesante era que cada grupo tenía sus propias costumbres. En algunos lugares, una variante del juego podía tener un nombre diferente; en otros, las reglas cambiaban según la edad de los participantes o las tradiciones de la comunidad.
Por eso, cuando varias personas recuerdan su infancia, es habitual que descubran que jugaron a cosas parecidas, aunque no exactamente de la misma manera.
Las escondidas: un clásico que nunca necesitó tecnología
Pocos juegos infantiles son tan fáciles de reconocer como las escondidas.
Una persona cuenta mientras los demás buscan el lugar perfecto para ocultarse. Cuando termina la cuenta, comienza la búsqueda. El objetivo parece sencillo, pero cada partida puede convertirse en una mezcla de estrategia, nervios y risas.
Los mejores escondites no siempre eran los más difíciles de encontrar. A veces, alguien se escondía tan bien que el resto terminaba buscándolo durante varios minutos. Otras veces, un participante se delataba al reírse justo cuando el buscador pasaba cerca.