El juego también enseñaba a respetar turnos, seguir reglas y resolver pequeñas discusiones. ¿Quién había sido descubierto primero? ¿Alguien había llegado a la base antes de ser atrapado? Estas preguntas podían provocar debates apasionados entre amigos.
Con el tiempo, muchos olvidan los detalles de aquellas partidas, pero conservan la sensación de emoción que experimentaban cuando escuchaban pasos acercándose a su escondite.
Las canicas: precisión, paciencia y competencia
Las canicas ocupaban un lugar especial en la infancia de muchos niños. Sus colores, tamaños y diseños hacían que algunas parecieran pequeños tesoros.
Para jugar, bastaba con unas cuantas canicas y una superficie apropiada. Dependiendo de la variante, los participantes debían golpear otras canicas con precisión, acercarlas a un objetivo o conseguir que entraran en un pequeño hoyo.
Aunque el material era sencillo, el juego exigía habilidad. Era necesario calcular la fuerza del lanzamiento, observar la posición de las otras piezas y aprender de cada intento.