EL PROFESOR DIJO QUE MI COMPAÑERA PERDERÍA EL EXAMEN POR HABER IDO AL FUNERAL DE SU MAMÁ… PERO CUANDO LLEGÓ LA HORA, LOS 28 ALUMNOS ENTREGAMOS LA HOJA COMPLETAMENTE EN BLANCO. LO QUE NO SABÍAMOS ERA QUE AQUEL PROFESOR ESTABA SIENDO EVALUADO ESE MISMO DÍA. Yo tenía veintiún años y estudiaba en **Puebla** cuando ocurrió algo que todavía recuerdo. Nuestra compañera **Jimena** recibió una llamada en plena clase. Su mamá había muerto inesperadamente. Esa misma tarde tuvo que regresar … Voir plus

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EL PROFESOR DIJO QUE MI COMPAÑERA PERDERÍA EL EXAMEN
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Posted on 6 September, 2026 by diego

EL PROFESOR DIJO QUE MI COMPAÑERA PERDERÍA EL EXAMEN POR HABER IDO AL FUNERAL DE SU MAMÁ… PERO CUANDO LLEGÓ LA HORA, LOS 28 ALUMNOS ENTREGAMOS LA HOJA COMPLETAMENTE EN BLANCO. LO QUE NO SABÍAMOS ERA QUE AQUEL PROFESOR ESTABA SIENDO EVALUADO ESE MISMO DÍA.
Yo tenía veintiún años y estudiaba en **Puebla** cuando ocurrió algo que todavía recuerdo.
Nuestra compañera **Jimena** recibió una llamada en plena clase.
Su mamá había muerto inesperadamente.
Esa misma tarde tuvo que regresar a su comunidad para acompañar a su papá y encargarse del funeral.
El problema apareció dos días después.
Teníamos el examen final de una materia que impartía el profesor **Salcedo**.
Una compañera preguntó si Jimena podría presentarlo cuando regresara.
—No —respondió él—. Ese día cierro calificaciones.
Intentamos explicarle la situación.
—Las reglas son iguales para todos.
Aquella frase nos molestó.
No queríamos privilegios para Jimena.
Queríamos que pudiera despedir a su madre sin que eso le costara una materia.
Esa tarde empezamos a hablar entre nosotros.
Y tomamos una decisión.
El día del examen entramos normalmente.
El profesor repartió las hojas.
Nadie protestó.
Nadie discutió.
Contestamos nuestros nombres y esperamos.
Cuarenta minutos después, Salcedo ordenó:
—Entreguen.
El primero pasó al frente.
Hoja en blanco.
Después otra.
Y otra.
Veintiocho exámenes sin una sola respuesta.
El profesor comenzó a revisarlos.
—¿Qué significa esto?
Nuestro representante respondió:
—Si Jimena obtiene cero porque no pudo estar aquí, pónganos cero a todos.
Salcedo se puso rojo.
—¿Creen que pueden chantajearme?
—No. Usted puede calificarnos como quiera.
Eso lo enfureció todavía más.
Recogió las hojas y salió.
Pensamos que iría con el coordinador.
Pero veinte minutos después entraron tres personas.
Una era la directora.
Los otros dos no los conocíamos.
La directora pidió hablar con nosotros sin el profesor.
—Quiero saber exactamente qué ocurrió.
Se lo contamos.
Entonces uno de los desconocidos preguntó:
—¿El profesor sabía desde cuándo que la madre de esta estudiante había fallecido?
—Desde ese mismo día.
Anotó algo.
Aquello me pareció extraño.
La directora nos explicó que habría una solución para Jimena, pero después añadió:
—Necesito que entiendan que esta visita no estaba programada por lo que ustedes hicieron.
Nos miramos.
Los dos desconocidos habían llegado esa mañana para revisar otra situación relacionada con el profesor Salcedo.
No nos dijeron cuál.
Finalmente repetimos el examen y acordaron que Jimena tendría una fecha extraordinaria cuando regresara.
Creímos que todo había terminado.
Cinco días después volvió.
Estaba más delgada y casi no hablaba.
Cuando le contamos lo ocurrido, empezó a llorar.
—No tenían que hacer eso por mí.
—Sí teníamos —respondió alguien desde atrás.
Jimena presentó su examen esa tarde.
Pero cuando terminó, la directora no la dejó marcharse.
Pidió que también entráramos dos compañeros que habíamos participado en la protesta.
Sobre su escritorio estaban nuestros veintiocho exámenes en blanco.
Junto a ellos había una carpeta mucho más gruesa.
—Jimena —dijo la directora—, necesito preguntarte algo que no tiene que ver con el examen.
Ella levantó la mirada.
—¿El profesor Salcedo se comunicó contigo durante los días del funeral?
Jimena tardó demasiado en responder.
—Sí.
—¿Qué te dijo?
Vi cómo apretaba las manos.
Después sacó su teléfono.
—Pensé que no debía enseñárselo a nadie.
La directora leyó los mensajes.
Su expresión cambió.
Cerró inmediatamente la puerta y llamó a uno de aquellos evaluadores.
Entonces comprendimos que nuestra protesta había destapado algo que ninguno de nosotros sabía que estaba ocurriendo.

 

Parte 2:
Jimena desbloqueó el teléfono y se lo entregó a la directora. Los primeros mensajes parecían normales: Salcedo preguntaba cuándo regresaría y recordaba que el cierre de calificaciones era esa semana. Después cambiaba el tono. **“Si no presentas el examen en la fecha indicada, ya sabes cuál será el resultado.”** Jimena había respondido que podía enviar el acta de defunción. Él contestó: **“No necesito pruebas. Necesito que cumplas.”** Pero el mensaje que hizo que la directora llamara al evaluador era otro: **“Podría buscar una alternativa, pero no quiero más problemas con tu grupo.”**
—¿Qué significa “más problemas”? preguntó la directora. Jimena nos miró confundida. Entonces recordó que dos meses antes había discutido con Salcedo por una calificación. En un trabajo en equipo, él le había descontado puntos por una entrega tardía aunque el archivo se había enviado dentro del horario. Jimena mostró el correo con la hora. Salcedo corrigió la nota, pero después le dijo frente a dos compañeros: —Hay estudiantes que convierten cualquier punto en un conflicto.
Aquello parecía pequeño hasta que el evaluador abrió la carpeta gruesa. No era un expediente contra Jimena. Contenía revisiones de calificaciones de varios grupos. Durante el semestre, otros alumnos habían presentado inconformidades porque Salcedo modificaba criterios, rechazaba justificantes o daba oportunidades distintas según circunstancias que no quedaban registradas. La universidad no había concluido que hubiera abuso; precisamente por eso los evaluadores estaban allí.
—¿Nosotros provocamos esto? pregunté. —No —respondió la directora—. Pero lo ocurrido hoy se incorpora a la revisión.
Salcedo fue llamado. No estuvimos presentes durante toda la conversación, pero después nos permitieron explicar nuestra decisión frente a él. Seguía molesto. Dijo que si cada tragedia personal modificaba una fecha académica, ningún calendario tendría sentido. —Yo no dije que la muerte de su madre no importara. Dije que el examen tenía fecha.