Encendió la televisión, cogió algo de comer y se acomodó en el sofá del salón para ver su serie favorita. La mañana transcurrió tranquilamente, sin ninguna preocupación. Pero al mediodía, la falta de sueño de la noche anterior empezó a pasarle factura. Le pesaban los párpados y, antes de darse cuenta, se quedó profundamente dormida allí mismo, en el sofá.
No sabía cuánto tiempo llevaba dormida cuando un repentino sonido metálico la despertó sobresaltada.
Era el inconfundible clic de una llave girando en la cerradura de la puerta principal.
A Valeria se le aceleró el corazón.
¿Había llegado su madre antes de tiempo?
Miró el reloj de pared. Eran solo la una de la tarde. Carmen no terminaría de trabajar hasta las siete.
Un impulso instintivo —y la culpa por ver la tele en lugar de descansar como había prometido— hizo que Valeria se quedara paralizada. Se tapó rápidamente con la manta y fingió estar dormida, dejando solo una pequeña abertura entre los párpados para poder observar disimuladamente la puerta.
La puerta se abrió lenta y silenciosamente.
La persona que entró no era su madre.
Valeria reconoció la figura de inmediato.
Era su tía Leticia, la hermana menor de Carmen.
Pero algo en ella le resultaba extraño.
Leticia, que trabajaba en la recepción de un hotel, solía ser ruidosa y alegre, siempre riendo y con los labios pintados de rojo brillante. La mujer que entró al apartamento se movió sigilosamente, casi como una sombra. Iba vestida completamente de negro y miraba nerviosamente a su alrededor.
Se asomó a la sala. Al ver a Valeria envuelta en mantas y respirando lentamente, supuso que la niña dormía.
Con rapidez, Leticia sacó una pequeña bolsita de terciopelo de su bolso.
Se acercó de puntillas al perchero junto a la puerta, donde colgaba el abrigo beige de Carmen; el mismo abrigo que usaba a diario, pero que había dejado allí por el calor de la tarde. Con cuidado, Leticia deslizó la bolsita de terciopelo en el bolsillo derecho del abrigo y la alisó para que no se notara.
Luego sacó su teléfono y marcó un número.