Fingí estar enferma para no ir a la escuela, pero lo que descubrí esa tarde en mi propia casa casi destruyó a mi familia para siempre…

El juego acababa de empezar.

Valeria saltó del sofá; la adrenalina le quitó al instante los últimos vestigios de sueño. Corrió hacia el perchero y metió la mano en el bolsillo.

Dentro estaba la bolsita de terciopelo.
Al abrirlo, el brillo casi la cegó.

Era un collar de diamantes: grande, resplandeciente y, sin duda, de un valor incalculable.

Recordó de inmediato la noticia. Debía ser la pieza central del robo, un diseño único creado por Don Alejandro Ríos, el dueño de la joyería.

Y su hija Julieta… era Valer.