Huevos blancos y marrones: cuáles son sus diferencias y cuál conviene elegir

En términos generales, las gallinas con determinadas características genéticas ponen huevos de cáscara blanca, mientras que otras producen huevos con tonalidades que van desde el marrón claro hasta el marrón más intenso. Incluso pueden existir variaciones dentro de una misma gama de colores. Por eso, observar la cáscara no permite determinar por sí solo cómo fue alimentada la gallina ni cuál es la calidad del producto.
Una de las diferencias más fáciles de notar es, precisamente, el aspecto exterior. Los huevos marrones tienen una cáscara pigmentada, mientras que los blancos presentan una cáscara mucho más clara. Esta pigmentación se produce durante la formación del huevo dentro del aparato reproductor de la gallina y está relacionada principalmente con su genética.
Existe una creencia bastante extendida según la cual los huevos marrones serían más saludables o nutritivos que los blancos. No obstante, el color de la cáscara no es un indicador confiable de estas características. Dos huevos producidos por gallinas de diferentes razas pueden presentar valores nutricionales muy similares, especialmente cuando las aves reciben una alimentación comparable.
La alimentación de la gallina tiene una influencia mucho más importante sobre determinados componentes del huevo que el color de la cáscara. Factores como la dieta, las condiciones de crianza y otros aspectos relacionados con la producción pueden modificar algunas características nutricionales.
Por ejemplo, la composición de la yema puede variar dependiendo de la alimentación del animal. El color de la yema, que puede ir desde un amarillo pálido hasta un naranja intenso, tampoco debe interpretarse automáticamente como una señal de que un huevo es mejor o peor. Diferentes alimentos pueden influir en esa tonalidad.
Otra diferencia que suele mencionarse es el precio. En algunos mercados, los huevos marrones pueden resultar más costosos que los blancos. Esto no significa necesariamente que tengan una mayor calidad nutricional. El precio puede estar relacionado con el tipo de gallina utilizada, los costos de producción, el sistema de crianza, la disponibilidad y otros factores comerciales.
También puede existir una diferencia en el tamaño del huevo, pero nuevamente no depende directamente del color de la cáscara. El tamaño está determinado por factores como la edad de la gallina y sus características productivas. Por lo tanto, puede haber huevos blancos grandes y pequeños, así como huevos marrones de diferentes tamaños.
En cuanto al sabor, tampoco existe una regla que permita afirmar que los huevos marrones saben mejor que los blancos. El sabor puede verse afectado por la frescura, la alimentación de la gallina, las condiciones de almacenamiento y la preparación. Por eso, dos huevos de diferente color pueden tener un sabor prácticamente indistinguible si fueron producidos y conservados en condiciones similares.
La cáscara tampoco determina de manera directa qué tan resistente será el huevo. La dureza depende de factores relacionados con la formación de la cáscara y con la propia gallina. Es posible encontrar huevos blancos con cáscaras resistentes y huevos marrones con cáscaras más delicadas, y viceversa.

