2. La comida era sencilla y mínimamente procesada.
Los refrigeradores no estaban llenos de productos ultraprocesados. Las comidas se basaban en ingredientes básicos como verduras, huevos, carne, leche y fruta.
Se cocinaba en casa y requería tiempo: lavar, picar, remover y limpiar. Incluso la preparación de las comidas exigía esfuerzo físico.
En general:
Se usaba azúcar con moderación.
Las grasas eran menos refinadas.
Las porciones eran modestas.
La gente comía cuando tenía hambre, no como respuesta al estrés o al aburrimiento.
3. Las comidas seguían un horario fijo.
La mayoría de la gente comía tres veces al día: desayuno, almuerzo y cena.
Comer entre comidas era poco común. Las máquinas expendedoras, los dulces constantes y los caramelos en la caja no formaban parte de la vida cotidiana. El cuerpo aprendía a esperar la comida a ciertas horas y a descansar entre comidas.
4. Las porciones eran más pequeñas por defecto.
Los refrescos venían en botellas pequeñas.
Las comidas cabían cómodamente en un plato.
No había opciones de tamaño extragrande ni aumentos constantes de tamaño.
La comida debía nutrir, no abrumar.