Tres años después de nuestro divorcio, mi exesposa me llamó con un “regalo

Alejandro llegó temprano para ayudar. Colgó decoraciones, puso sillas y terminó lleno de confeti cuando Mateo por fin rompió la piñata.

Ya entrada la tarde, cuando los últimos invitados se habían ido, Mateo se acercó corriendo a sus padres con la cara manchada de pastel.

—Mamá, papá… ¿mañana también van a estar juntos?

Mariana y Alejandro se miraron.

Nadie respondió de inmediato.

Mateo bajó la mirada y abrazó a su dinosaurio de peluche.

—Me gusta cuando estamos los tres juntos.

A Mariana se le hizo un nudo en la garganta.

Alejandro se agachó hasta la altura del niño.

—Mañana vengo a desayunar contigo, campeón. Y pasado mañana también. Si tu mamá me deja.

Mateo se volvió a mirar a Mariana.

—¿Sí, mami?

Ella se quedó quieta un momento. Luego asintió ligeramente.

—Sí.

La sonrisa de Mateo iluminó todo el patio.

Más tarde, cuando Alejandro ya había apilado las últimas sillas, Mariana lo acompañó a la puerta.